Yo creo que es algún tipo de virus o espora la que está provocando el creciente derroche de dinero entre la blogosfera durante esta campaña veraniega de rebajas. Algunos caprichos son comprensibles, y otros se pueden considerar ofertas en las que pagas el “gusto y la gana”. Y es este último caso el que más me llamo la atención, cuando eltercero dijo que había efectuado el cambio de su antigua Nintendo DS por la nueva Lite más 70 euros (menos incluso si aportas algún juego), ví una oportunidad única: “¿Y si cambiase mi antigua DS japonesa por una de las nuevas más chulas, mejor diseñadas y con garantía (!)?”


Y es en este punto cuando debo decir que se produjo el desencadenante de la orgía consumista en la que termminó la tarde. Curiosamente esa tarde mi novia había quedado con sus amigas para ir de compras a Alicante, y aprovechando me apunté a la excursión, así de paso podría comprobar in situ si podía aprovecharme de oferta de GAME. Nada más llegar ellas fueron a tomar café y yo me acerqué a la tienda en cuestión, pregunto por la promoción y le doy la caja:

Dependienta: “Uy! Esta caja es más pequeña.” (la versión japo es evidentemente más pequeña)
Yo: (silencio)
Dependienta: “Anda! Este cargador no vale…” (cogiendo el cargador japonés nunca sacado del plástico y con conectores planos)
Yo: “Aquí tengo un cargador…” (más soso que todas las cosas)
Dependienta: “Ah, vale…” (mirando a otra dependienta) “Este chico tiene este cargador, y la consola es de otro sitio” (mientras señala las letras japonesas de la caja”. La otra chica enciende la consola, comprueba que todo funciona y manifiesta “Funciona…”
Dependienta: “¿En que color la querrias?
Yo: “(Si cuela el tema…) sería blanca”
El resto se resume en el procedimiento estandar de cobro e introducción en la bolsa.

Así que estreno Nintendo DS Lite.


Primeras impresiones: Esta es la DS que debía haber sacado Nintendo desde el principio, muy bonita y con los controles mejor distribuidos (el botón power sobre la cruceta fue un error), muy ligera, fina, y con un “palito” más gordo y manejable. La pantalla la noto mejor, más brillo y como con más color.

¿Pero qué pasó después? Que yo me senté en la terraza de una cafetería, abrí mi libro, jugué un rato con la portátil, y cuando ya no sabía que más hacer miré el reloj “Oh, Dios! Aún son las seis…!” (para aquellos que no tengaís novias o de momento os hayais podido escaquear de estos temas deciros que las tiendas cierran a las 22′00 en verano).
“¿Qué hago?” Me voy al MediaMarkt (al cual por cierto, cada vez le veo menos oferta y varidad). Me doy una vuelta, miro esto y aquello, llegando el final de mi recorrido a la sección de DVD’s.

Yo: “Anda, mira, Alien vs Predator… es la que le falta a María para completar la colección…”
Voz interior: “Comprala y sigue caminando.”
Yo: “Anda, el Club de la Lucha…”
Voz interior: “Venga va, comprala y sigue…”
Yo: “Mira, La Guía del Autoestopista Galáctico… con escenas elimindas… y escenas verdaderemante eliminadas!”
Voz interior: “Compra esta también y vamonos.”
Yo: “¿Y si miro la BSO de Star Wars? ¿Estará?”
Voz interior: “Te he dicho que nos vayamoooos!!!”

El caso es que salí de allí, y volví a PlazaMar 2 (el centro comercial), y aún eran las ocho o menos. Cogí la DS, conseguí una estrella más, jugue un rato a las cartas, y charlé sobre videojuegos con un crio de nueve años. Las ocho y cuarto. Voy a dar una vuelta. Mis pasos me encaminan a una tienda de electrodomésticos, echo un ojo y veo el reproductor de DVD que me gustaba para el salón.

Yo: “Coño, esta más o menos al mismo precio que en Redcoon… me lo llevo”
Voz interior: “Que remedio…”

Así que estreno reproductor de DVD (Samsung DVD-HR 737).

dvd samsung

Primeras impresiones: Una maravilla, por fin podré jubilar mi cutre-VHS Sanyo. Tiene 160 Gb de disco duro, lee Divx, tiene salida HDMi, etc… Así sí que se puede grabar Perdidos, editar la publicidad y hacerte un DVD molón. Y la función Time Split no tiene precio…

Pero uno tiene que saber cuando parar y eso no es ni más ni menos que cuando te tiembla la mano a la hora de dar la Visa al cajero… Sí, señor. Eso se llama autocontrol.

Chicos, tened cuidado con el virus.

Nota: Aunque he dotado al relato de cierta teatralidad, todos los gastos estaban “casi” programados, y “tarde o temprano” los tenía que hacer. Ese es mi consuelo…