Con este título tan escuchado en el campo de la informática quiero contaros un suceso que ha ocurrido en una ciudad llamada “Sandiópolis”.

    Dicha ciudad se encuentra situada en una isla del pacifico, en el centro del océano. Es una ciudad hermosa, en la que hay enclavado un gran complejo turístico al que durante todo el año acuden miles de personas a disfrutar de sus días libres (viajes de boda, de negocios, de disfrute personal…). “Sandiópolis” vive de ello, del turismo, si no fuese por el turismo, allí no habría nadie, no existiría vida, ya que la isla más cercana, Hawai, se encuentra a mas de 3000 kilómetros de ella. Los habitantes de “Sandiópolis” sólo pueden salir de la isla en avión y en barco (pero este último es menos usado por la duración del viaje, sólo lo utilizan las clases mas bajas de la ciudad) por tanto se han tenido que adaptar a vivir de ellos y por ellos mismos. En la ciudad se fabrica infinidad de materia prima, existen muchos campos despoblados que se utilizan para la cosecha de diferentes alimentos, lo que vengo a decir es que se las han tenido que apañar a lo largo de la historia como han podido. Lo que no se puede generar en la isla es importado, lógicamente, pero siempre se busca la menor importación ya que ello hace que la economía de la ciudad disminuya y a los habitantes de “Sandiópolis” les encanta vivir bien.

    Isla

    Expuestas más o menos las características de la ciudad voy a pasar a relataros el suceso ocurrido en estos últimos días. Hace algún tiempo, dado que los habitantes querían relacionarse con mas personas y querían obtener información de lo que ocurría en el resto del mundo, instalaron toda la tecnología necesaria para que en “Sandiópolis” todos sus habitantes disfrutaran de conexión a Internet, pero ¿qué ha ocurrido? Que Internet ha sido un éxito en la ciudad, todos los habitantes están dotados de un ordenador con conexión a Internet y cuando dichos ordenadores se suman a lo de los turistas que acuden cada día a la isla, la conexión a muchos de sus habitantes se les corta. Al alcalde de “Sandióplis” no le satisface nada que cuando él se conecta para relacionarse con otros ayuntamientos para negociar la importación y exportación de materia prima a la isla, la conexión se le corte y ha dicho que de este año no pasa. Sus medidas son drásticas pero efectivas. Ha sacado un bando en el que se ordena a todos los habitantes de la ciudad a usar sus ordenadores en días alternos, los que tengan un numero de teléfono terminado en par podrán conectarse los días pares; y los que lo tengan impar, los impares.

    Las protestas entre los ciudadanos han sido, como de costumbre, tremendas. Se han formado tres grupos de perjudicados. Los solteros se han alzado como el colectivo más agraviado, siendo ellos los que más necesitan relacionarse. Muchos de los que tienen pareja fuera de la isla se han visto obligados a darse de alta en dos líneas para poseer los dos tipos de numero (con el consiguiente gasto) y ha surgido un colectivo nuevo: El Grupo Dispar contra la Paridad. No es un colectivo en contra de la integración plena de la mujer, sino que es un grupo de usuarios con número de teléfono par. Su queja es muy clara: aceptan la medida, pero alegan que no se ha tenido en cuenta que los meses de Julio y Agosto tienen 16 días impares y sólo 15 días pares. La afrenta es clara porque los usuarios impares dicen que ese no es su problema, no están dispuestos a formar un colectivo y no quieren saber nada del asunto. La tensión entre los dos grupos, hasta ayer inexistentes, ha hecho que el cura (que no tiene Internet) tome cartas en el asunto. Ha anunciado que este domingo el sermón se titulara: PARES SI, PARES NO. Se espera un llenazo.

    NOTA DEL AUTOR: Este relato es producto de mi imaginación y paranoia, pero con el grado de gilipollez que nos rodea últimamente en este país, no me asustaría si algún día se hiciese realidad.

    Relato incluido en
    el Tomo I de las “Crónicas de Pepitarnia”.
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